De recortes de periódico a derechos fundamentales en conflicto
Ya desde su apertura al público (1960), la Casa de Ana Frank es más que un mero museo de historia. En el transcurso de los años se han presentado en ella exposiciones educativas sobre una multiplicidad de temas, entre ellos varios temas sociales espinosos y complejos.
Free2choose-expo
Exposición interactiva de actualidad
Màs
Según el ideal de Otto Frank, la casa que lleva el nombre de su hija debía ser una casa para los jóvenes, orientada al futuro. Desde hace ya cincuenta años, en el edificio se aprecia esa orientación. Pero ¿qué significa la historia de Ana Frank para los jóvenes de hoy en día, y qué dice sobre los problemas de actualidad y del mañana?
Una y otra vez se llama a la reflexión sobre la mejor manera de vincular la historia del diario, la casa de atrás y la clandestinidad al aquí y ahora. En ello hace de hilo conductor el objetivo de la Casa de Ana Frank que se centra en señalar los peligros del antisemitismo, el racismo y la discriminación.
Algunos ejemplos.
De arriba abajo: Mesa de debate con un fondo de fotografías sobre la bomba atómica; cartel de la exposición sobre Chile, 1975.
En las fotografías de los años iniciales de la Casa de Ana Frank puede verse que las primeras exposiciones ―sobre un tema como los derechos humanos, por ejemplo― se componían sobre todo de fotografías y recortes de prensa colgados con alfileres o chinchetas en tableros de conglomerado. También podían consultarse carpetas con recortes de periódico sobre el tema.
En la segunda mitad de la década de los sesenta comenzaron a plantearse en la Casa de Ana Frank con cada vez mayor frecuencia temas de crítica social, como los disturbios raciales en los Estados Unidos, la guerra de Vietnam, etc. Los guías (a menudo estudiantes) encargados de realizar las visitas guiadas entablaban debates con el público sobre estos asuntos.
También en los años setenta se pasó revista varias veces a la injusticia en el mundo. Los visitantes de la casa se vieron confrontados con la explotación en Latinoamérica y las prácticas nefastas del régimen segregacionista de Sudáfrica.
Exposiciones que contenían una advertencia, como «Holanda tolerante» o «Negro y Blanco 1984», organizadas en los años ochenta, mostraban a través de artículos de prensa y fotografías la manera en que los nuevos grupos étnicos establecidos en Holanda eran objeto de discriminación y violencia racista.
Ruud Gullit en la inauguración de «Negro y blanco '84».
La guerra desatada en la antigua Yugoslavia a principios de los años noventa constituye el eje de exposiciones tales como «La cara fea del nacionalismo» y «Sueño con la paz». En esta última, realizada en colaboración con Unicef, algunos niños procedentes de la antigua Yugoslavia intentaron transmitir con sus dibujos las atrocidades de la guerra en la que estaban sumidos.
Paul van Vliet inaugura la exposición «Sueño con la paz», con dibujos y textos de niños procedentes de la antigua Yugoslavia, 1994.
No mucho tiempo después de la inauguración del museo renovado, en 1999, se elaboró un nuevo concepto para que al final del recorrido por el museo los visitantes de la Casa de Ana Frank se vieran confrontados también con el aquí y ahora. Mediante la proyección de vídeos interactivos, se les pedía adoptar posiciones en relación con una serie de cuestiones sociales de actualidad.
En unos programas de vídeo educativos, como «Casos límite» y posteriormente «Free2choose», se planteaba a los visitantes una serie de dilemas sobre derechos fundamentales en conflicto y se formulaban un par de preguntas difíciles, que el público debía contestar rápidamente – y a continuación reflexionar sobre ellas. De esta forma, la educación sobre el holocausto se vinculó a la educación sobre los derechos humanos.