De refugio a museo - Historia de la Casa de Ana Frank (1)

Salvada del derribo

La casa de atrás del inmueble situado en Prinsengracht 263, de Ámsterdam, sirvió de refugio para ocho personas durante dos años en la Segunda Guerra Mundial. Siete de ellas no sobrevivieron a la guerra.

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En la actualidad, la casa es visitada anualmente por alrededor de un millón de personas. En ella se mantiene vivo el recuerdo de aquella guerra, de los judíos que allí se escondieron de los nazis durante dos años, de Ana Frank y del diario mundialmente famoso que escribió estando allí.

El inmueble de Prinsengracht 263, que se abrió al público en 1960, es en la actualidad un museo conocido en todo el mundo. Se trata de la casa más visitada del centro histórico de Ámsterdam: un gran contraste con la situación de hace algo más de 50 años, cuando estaba condenada al derribo.

A los ocho escondidos se los detuvo el 4 de agosto de 1944. Unos días después se vació el refugio disimulado por una estantería giratoria, como solía hacerse durante la ocupación alemana con todos los refugios de judíos detenidos y deportados. Los alemanes se llevaron todos los muebles y enseres; lo único que se salvó fue el diario de Ana.

Cuando en junio de 1945 Otto Frank, único superviviente del grupo, regresó de Auschwitz, la casa de atrás estaba vacía y desangelada. Junto con los cuatro colaboradores que durante la guerra le habían ayudado a él y a su familia a sobrevivir ―Johannes Kleiman, Victor Kugler, Miep Gies y Bep Voskuijl―, intentó dar nueva vida a sus empresas Opekta y Pectacon. La casa de atrás permenecería vacía.

Johannes Kleiman (izquierda) en su despacho de Prinsengracht.

Finalizada la guerra, el edificio de Prinsengracht 263 y las construcciones colindantes se encontraban en mal estado. Las viejas casas a orillas del canal, mal mantenidas, ya no se prestaban en realidad para alojar empresas. La fábrica textil Berghaus comenzó a adquirir en 1950 una serie de inmuebles en la esquina de Prinsengracht y Westermarkt, con el propósito de derribarlos y erigir allí una nueva estructura empresarial. También Prinsengracht 263 correría la misma suerte.

El anuncio del derribo causó gran preocupación a Otto Frank. A principios de los años cincuenta alquiló el inmueble a su propietaria, la firma Wessels (una empresa de compra y venta de papel que lo había adquirido en 1943), acordando con ella que, en caso de venderlo, le concedería la prioridad como comprador. En 1953, Wessels vendió el inmueble a Opekta por 22.000 florines.

Sin embargo, no había dinero para una buena restauración, y si llegaba a derribarse Prinsengracht 265 ―ya adquirido por la firma Berghaus―, la casa de Prinsengracht 263 se desmoronaría literalmente.

Het kantoor van Opekta op de Prinsengracht
Frente de los edificios de Prinsengracht 261 a 265 (en 1947).

A regañadientes, Otto Frank vendió en 1954 su inmueble a Berghaus por 30.000 florines. El derribo parecía inevitable, tanto más por cuanto en 1955 la firma Opekta se trasladó a otro edificio de la ciudad y la firma Gies & Co. (sucesora de Pectaton) se vendió. Prinsengracht 263 se quedó completamente vacío y continuó deteriorándose visiblemente.

Gracias a la iniciativa de un grupo de conocidos de Otto Frank ―y a la presión de la opinión pública―, Prinsengracht 263 pudo salvarse del derribo. El diario de Ana Frank era ya conocido en todo el mundo, se había representado una obra de teatro basada en él e iba a rodarse una película.

Un comité de destacados amsterdameses del ámbito de la ciencia y la cultura se empeñó en evitar el derribo del edificio en que Ana había escrito su diario. En 1957 se erigió la Fundación Ana Frank, en primer lugar con el fin de abrir al público el edificio de Prinsengracht 263, aunque también, según se menciona entre sus objetivos, para difundir los ideales de Ana Frank.

Otto Frank met met het bestuur van de Anne Frank Stichting voor Prinsengracht 263 (1957)
Otto Frank con la junta directiva de la Fundación Ana Frank frente a Prinsengracht 263 en mayo de 1957.

La firma Berghaus desistió de sus planes de construir una nueva sede empresarial en el lugar y en 1957, con ocasión de su 75.º aniversario, donó a la Fundación Ana Frank la propiedad de Prinsengracht 263. Sin embargo, los edificios colindantes acabaron en manos de un promotor inmobiliario, deseoso de erigir en la esquina de Prinsengracht y Westermarkt un complejo de viviendas de ocho plantas.

A esto siguieron conversaciones y negociaciones entre la Fundación y el promotor inmobiliario para la adquisición de todos los inmuebles por un precio de 350.000 florines. El entonces alcalde de Ámsterdam, Gijsbert Van Hall, se esforzó personalmente por reunir esa suma, para lo cual envió una carta a cinco mil personas y entidades, instándolas a donar dinero.

Het gaat om het Anne Frank Huis
El llamamiento del alcalde Van Hall para recaudar fondos destinados a la conservación de la Casa de Ana Frank (publicado en «de Volkskrant» el 12-6-1958).

El llamamiento de Van Hall tuvo un éxito tan sólo parcial, pues consiguió reunirse poco más de la mitad del dinero necesario. Con todo, con el fin de posibilitar la preservación de Prinsengracht 263, en 1958 el ayuntamiento, en colaboración con la Universidad de Ámsterdam, ideó un plan para construir en la esquina de Prinsengracht y Westermarkt una residencia de estudiantes. La Universidad facilitó la financiación previa, y con ese dinero se completó el déficit de la Fundación Ana Frank para la adquisición de todo el complejo.

Todo ello resultó en la preservación de los inmuebles de Prinsengracht 263 y 265. El plan se ejecutó tras varias vicisitudes, y Prinsengracht 263 pudo restaurarse y abrirse al público el 3 de mayo de 1960.

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Realmente la historia de Ana Frank es muy movilizadora. Yo había leído su diario en dos oportunidades, pero también leí el libro que escribió Miep Gies. Allí uno toma verdaderamente la dimensión de lo que es una guerra y los grandes sufrimientos que genera. Este año estuve en el museo y es uno de los mejores recuerdos que tengo de mi estadía en Amsterdam.

Susana Doffo, 46 - Mendoza - Argentina - 7 dic 2011

Que bueno que muchas personas se hayan esforzado tanto para que el recuerdo de Ana Frank estuviera siempre con nosotros.

Paola Martínez A., 41 - Lima - Perú - 14 ago 2011

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