Exposición temporal sobre refugiados judíos procedentes de la Alemania nazi y la huida de los Frank, los Van Pels y Fritz Pfeffer. La exposición pudo verse en 2012 en la Casa de Ana Frank.

«Quizá también nosotros continuemos la marcha»

Lisboa, 10 de junio de 1941. Un grupo de refugiados judíos espera antes de subir a bordo de un buque que los llevará a los Estados Unidos. Foto: United States Holocaust Memorial Museum
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El título proviene de una carta de Edith, fechada en diciembre de 1937, en la que cuenta que Otto está intentando establecer una empresa en Inglaterra y que «quizá también ellos continúen la marcha».

De l’Alemania en Holanda

La huida de los Frank, los Van Pels y Fritz Pfeffer.

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La exposición se centra en la huida de los Frank, los Van Pels y Fritz Pfeffer de Alemania a Holanda en la década de 1930 y sus ulteriores esfuerzos por buscar refugio en otros sitios. No son los únicos: desde la asunción del mando de Hitler en 1933, un número considerable de judíos alemanes se ve obligado a abandonar su patria. Varias decenas de miles van a parar a Holanda. Sin embargo, para muchos de ellos no es más que una parada en una larga peregrinación hacia destinos más seguros.

AFS_A_AFrank_III_027_098.jpgSiendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933.

Ana Frank, el 20 de junio de 1942

También los Frank, los Van Pels y Fritz Pfeffer intentan continuar la marcha desde Holanda. Chile, Estados Unidos y Australia son países en los que tratan de obtener refugio. Todos los esfuerzos fracasan. En 1942 se esconden en la casa de atrás. Tampoco allí están seguros. Alguien los delata y acaban siendo deportados a campos de concentración. Otto Frank será el único superviviente.

AFS_A_OFrank_III_003d.jpgMe veo obligado a emigrar, y hasta donde llegan mis conocimientos, los Estados Unidos son el único país adonde podemos ir.

Otto Frank, el 30 abril de 1941

Refugiados judíos

Entre 1933 y 1941, alrededor de 280.000 judíos abandonan la Alemania nazi y 130.000 la Austria anexionada por Hitler. Esas cifras representan la mitad de la población judía total de ambos países.

Judíos austríacos a bordo de un barco con destino a Inglaterra, 1938. Foto: Beeldbank WO2 - NIOD
Los judíos residentes en Alemania y las zonas anexionadas se sienten cada vez menos seguros, y muchos deciden huir. Alrededor de 30.000 judíos alemanes se refugian en Holanda.

Muchos buscan refugio en los países vecinos. Cuando tampoco allí están seguros, intentan continuar la marcha. Pero emigrar no es asunto fácil. Quienes quieren partir, se pierden en un laberinto burocrático, rellenando incontables formularios para obtener visados de salida, de tránsito y de entrada, certificados judiciales y fianzas. Las colas que se forman frente las organizaciones de ayuda, los consulados, las embajadas y agencias de viaje son interminables. Las reglas cambian continuamente y los países de destino imponen cuantiosos requisitos financieros. A medida que aumentan las medidas antijudías y la amenaza de guerra, crece el pánico por salvarse.

AFS_A_EFrank_III_002.022.jpgCreo que hoy todos los judíos alemanes buscan alrededor del mundo un lugar adonde ir, pero ya no los dejan entrar.

Edith Frank-Holländer, el 24 de diciembre de 1937

Cuando en 1939 estalla la Segunda Guerra Mundial, huir se hace todavía más difícil. El 25 de noviembre de 1941, todos los judíos alemanes residentes en el exterior pierden la nacionalidad y pasan a ser apátridas. Emigrar se vuelve imposible. Al final, solo un grupo relativamente reducido de judíos logra escapar a la persecución en Europa.

Un reducido grupo de jóvenes refugiados llega a Inglaterra, donde todavía admiten a niños judíos. Foto: Beeldbank WO2 - NIOD