Vista general

La Casa de Ana Frank en tiempos del coronavirus

None

20 de Mayo de 2020 — Desde enero de 2012, Garance es directora comercial de la organización Casa de Ana Frank, pero pronto se despedirá de su función. En este último tiempo estuvo lidiando con un interesante desafío.

Ya han pasado tres meses desde nuestra primera reunión interna con motivo de la crisis del coronavirus. Entonces, a mediados de febrero, no se había detectado todavía ninguna contagio en los Países Bajos y nunca habíamos oído hablar de la sociedad con distanciamiento interpersonal a 1,5 metros. Sin embargo, ya en esos días presentimos que no se trataba de una simple gripe. Lo impensable ocurrió unas tres semanas más tarde, el 12 de marzo a las tres de la tarde, para ser más precisa, cuando nos comunicaron que al día siguiente no podíamos abrir las puertas del museo. Nunca hemos pasado por una situación semejante en sesenta años. Incluso durante las renovaciones, la Casa de Ana Frank siempre ha permanecido abierta, 364 días al año y a menudo, doce horas diarias.

Con lágrimas en los ojos vimos salir a los último visitantes del museo. Además, más de 100.000 visitantes ya habían comprado su entrada para el período hasta el 13 de mayo; aunque aparentemente, después tuvimos conocimiento que solo uno de cada cuatro de estos visitantes ha pedido la devolución de su compra; los demás, con mensajes a veces conmovedores, indicaron que podríamos considerar el dinero de la compra como una donación o prometieron visitarnos dentro de dos años. Los recibiremos con los brazos abiertos (¡oh, no! ¡No podemos abrazarlos!). 

Al día siguiente del cierre del museo, intentamos hacer más llevadera nuestra tarea y degustamos juntos las tartas de la panadería Holtkamp que habían quedado en la cafetería del museo. Asimismo, verificamos las instalaciones de seguridad y control de ambientes climatizados. La oficina de servicios informáticos organizó más licencias VPN para permitirnos trabajar desde casa y se formaron equipos de trabajo. La habitual reunión informal de los viernes con aperitivos y bebidas pasó a convertirse en un buen momento virtual para compartir.

El cierre forzoso del museo golpea muy duramente a la Casa de Ana Frank. Somos un museo no subvencionado y el 90% de nuestros visitantes proviene, por lo general, del extranjero. De momento, no es posible que nos visiten. Sin embargo, probablemente a muchos visitantes neerlandeses también les gustará recorrer la Casa de Ana Frank; ojalá puedan aprovechar esta oportunidad en los próximos meses (¿o años?), que serán relativamente tranquilos para visitarnos. Desde hace ya tres años que hemos implementado en el museo, los esquemas de entradas con horario prefijado que actualmente son obligatorios para todos los museos. Y gracias a esta medida no tenemos fila en nuestra puerta. El distanciamiento interpersonal o de seguridad a un metro y medio implica una restricción a la capacidad del museo. Pues, a lo sumo, se limitará a apenas una quinta parte del total de visitantes de 2019 (1.3 millones de personas). Esto significará que no llegaremos a cubrir, en gran medida, los costos de nuestra organización. Tenemos programas educativos en más de 40 países, que son posibles de llevar a adelante con los ingresos generados en el museo. Su continuidad estará directamente en juego, precisamente en la actualidad, cuando impera aun más la necesidad de protección contra la discriminación, los prejuicios y el antisemitismo.

En una crisis se aprende a conocer realmente bien a tus amigos y colegas. Y, afortunadamente, en este momento es cuando aparece el espíritu emprendedor de nuestros colegas. Un presupuesto estrictamente adaptado a las circunstancias fue preparado en apenas tres semanas; los planes de reapertura estuvieron listos dos semanas más tarde. Todo esto con suficiente anticipación a la fecha que fijara más tarde el Primer Ministro neerlandés en el calendario: 1 de junio (cruzando los dedos...) se produce la reapertura. Entretanto, lanzamos el vídeo diario, en el cual llevábamos meses de trabajo y por el que hemos recibido numerosos comentarios positivos, demostrando una vez más cuán relevante es la historia de Ana Frank en la actualidad. Estar confinado no es lo mismo que estar escondido, pero cuán fácilmente se pueden perder las libertades y demás derechos que damos por sentado, como lo ha experimentado el mundo entero en estos últimos meses. Y las lecciones de la historia no pasaron desapercibidas para muchos.

Después llegó el 3 de mayo... fecha en la cual hace sesenta años, Otto Frank inauguró el museo. La ironía del destino nos lleva a que ese mismo día que se cumplen sesenta años de la apertura de la Casa de Ana Frank, el museo esté cerrado. Ese día, a modo de conmemoración, enviamos a los colegas una barra de chocolate especial.

El 1 de junio, lunes de Pentecostés, estaré ahí, por supuesto, para darle la bienvenida al primer visitante del museo. Lamentablemente, también será mi último día en esta función, pues al día siguiente comenzaré a desempeñarme como directora de la organización Plan Internacional en los Países Bajos. Dejar justamente ahora la Casa de Ana Frank, en estos tiempos tan difíciles, me genera un sentimiento extraño, pero estoy convencida que la Casa de Ana Frank estará bien y en las manos competentes de mis colegas. La Casa de Ana Frank ha superado en el transcurso de sesenta años numerosas tormentas y, también superará esta crisis.

Echaré de menos a mis colegas, las campanas de la iglesia Westerkerk y el bullicio del mercado en Westermarkt, que sin duda algún día también volverá. ¡Todo lo mejor y gracias por estos maravillosos e inolvidables ocho años juntos!

Más mensajes