Vista general

Un refugiado debe regresar a Alemania

1939 Zevenaar, Nederland

Entre 1933 y 1938, llegan unos 25.000 refugiados judíos alemanes a los Países Bajos. La mayoría utiliza a los Países Bajos como una parada y continúa su viaje hacia otro país diferente. El gobierno no desea alentar a los refugiados a venir aquí. Por ello, les dificulta que puedan construir una vida en los Países Bajos.

En enero de 1938, se introdujeron estrictas medidas. El gobierno determina que, en principio, no se permitirán más refugiados. Todo refugiado se convierte, desde entonces, en un extranjero no deseado, a menos que pruebe que su vida está en peligro.

Después de la Noche de los cristales rotos («Kristallnacht»), miles de judíos huyen de Alemania hacia Austria y esto incrementa la presión sobre el gobierno neerlandés. Es cuando este autoriza el ingreso a unas siete mil personas.

Todos estos refugiados han dejado Alemania por temor a la persecución. Y llegan a campos especiales, sin libertad de circulación. Dos mil refugiados ilegales terminan en campos especiales, bajo vigilancia militar.

Además de los judíos, huyen hacia los Países Bajos, socialdemócratas y comunistas, o sea, opositores políticos de izquierda al régimen nazi. Algunos de ellos, también son judíos y, por lo tanto, temen doblemente por su destino. Los comunistas encuentran apoyo en una organización comunista llamada la Ayuda Roja neerlandesa, que asiste a miles de personas. El gobierno neerlandés, por su lado, se opone a la llegada de los «refugiados rojos» y, a menudo, los hace retornar desde la frontera. Inclusive, las personas que han huido de los campo de concentración, son entregadas, a veces, a los mismos nazis.