Casa delantera
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La cocina de la oficina y el cuarto de baño

Los escondidos obtenían agua caliente para sus baños sabatinos en la cocina de la oficina. Ana la llevaba en una tina hasta el baño de la oficina. Los escondidos también lavaban su ropa en la cocina de la oficina. Los protectores usaban la cocina para experimentos con Opekta y especias.

Los deseos de privacidad de Ana

La Casa de atrás se vuelve un poco ajustada en espacio. Ana tiene que compartir su habitación con Fritz Pfeffer y hay pocos momentos en los cuales puede realmente estar sola. En este video se puede ver cómo Ana crea sus propios momentos de intimidad.

Una exquisitez exótica: las fresas en la Casa de atrás

A principios de julio de 1944, John Broks, un representante de Opekta, consigue comprar más de 24 cajas de fresas en una subasta. Aunque estaban polvorientas y llenas de arena, en esos tiempos de guerra eran una exquisitez exótica. No fue una compra sin riesgos,  pues por esos días, las fresas eran confiscadas en Ámsterdam, para limitar el comercio negro.

Las cajas se distribuyen equitativamente entre el personal de la oficina, los escondidos y el propio Broks. De hecho, Broks no está al tanto de los escondidos en la Casa de atrás.

‘Sí, pero ¿seguimos escondidos? Te agobia ese sentimiento cuando se te permite aparecer en el mundo exteriorde nuevo’

Cuando el personal del almacén se va a casa al mediodía, la puerta exterior está cerrada con llave y los protectores y los escondidos limpian las fresas en la cocina de la oficina y en la Casa de atrás. Con una parte de la compra hacen mermelada.

Ana experimenta una sensación loca de felicidad cuando entra en la cocina de la oficina. Los días posteriores, los escondidos no comen otra cosa mas que fresas: fresas con gachas de avena, fresas en un sándwich, fresas con azúcar. Los frascos de mermelada los consevan, con lo cual tendrán algunos dulces en los próximos meses.